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25/02/09. Cuando el fútbol en particular, el deporte en general o cualquier otra disciplina humana pretende constituirse en un espectáculo, desde el primer intento se requieren diversos ingredientes para conformarlo. Deberá pensarse en el escenario, en los protagonistas y los coprotagonistas, entre los que cada vez más –a veces lamentablemente – el público tiene su rol fundamental.

El espectáculo en si mismo no “es” sin el público y a él se debe, el espectador es quien, con su última palabra, determinará el éxito o el fracaso del evento que se pretenda presentar más allá inclusive de la cantidad de espectadores que lo puedan presenciar.

En función del tipo de espectáculo y de las percepciones particulares que logre trasmitir al espectador podrá crearse un flujo de ida y vuelta, una comunicación mágica, un intercambio de emociones y sensaciones entre quienes desarrollan la actividad y quienes la observan.

Cada espectáculo es particular y único en virtud de sus características y requiere condiciones específicas para lograr ese modo de interacción con el público.

En el cine, mudo en sus orígenes, la evolución tecnológica llevó a incorporarle un audio que fue lentamente perfeccionado. Lo mismo pasó con la imagen y el color hasta alcanzar los actuales niveles de calidad.

Los procesos han sucedido en el teatro, el carnaval y no podía ser ajeno el fútbol.

La cancha es el escenario, los futbolistas son los actores que desarrollarán el papel fundamental de un espectáculo que despertará diversas sensaciones en el público y logrará o no la mejor comunicación en función de dos aspectos fundamentales: lo que ocurra dentro del rectángulo de juego y la “puesta en escena” que haya previsto la organización.

Podemos ir a ver la mejor película del año, pero si los elementos de reproducción y audio no son buenos nos sentiremos frustrados y no habremos disfrutado de un buen espectáculo.

En los estadios de fútbol de nuestro país ocurre igual, el partido puede tener un nivel excelente por las características y condiciones de los actores, pero no siempre pueden desplegar todo su potencial porque – en general – se carece de un terreno adecuado y si el campo está bien falta iluminación y el público debe averiguar quién hizo aquella jugada o aquel gol porque hasta a los periodistas nos resulta dificultoso determinarlo y muchas veces anotamos “de memoria” por la posición en el terreno de juego.

A propósito de iluminación, podríamos resaltar el Estadio Atilio Paiva Olivera de Rivera, el Estadio Artigas de Paysandú y el Estadio Domingo Burgueño Miguel de Maldonado, los cuales fueron acondicionados en 1995 para ser sedes de la Copa América organizada por la Confederación Sudamericana de Fútbol y cuya televisasión para todo el continente exigía determinadas condiciones mínimas.

La Intendencia Municipal de San José, en su presupuesto 2006 destinó una importante suma para mejorar notoriamente la iluminación y el piso del Casto Martínez Laguarda, las obras se inauguraron en enero de 2007 con motivo de la 4ta. Copa Nacional de Selecciones de OFI y aunque su capacidad no sobrepasa los 5000 espectadores, puede decirse que hoy es uno de los mejores estadios del interior, su uso está muy limitado a los compromisos de las selecciones maragatas y algunos del torneo de Clubes Campeones del Interior, en la actividad local prácticamente no se utiliza, salvo en finales.

Otro que en su momento también fue mejorado por la Intendencia es el Campeones Olímpicos de Florida. A su vez, podríamos agregar el Alberto Suppici de Colonia y el Raúl Goyenola de Tacuarembó.

Es indudable que un estadio con buen piso e iluminación adecuada le ofrece al espectador una imagen ideal para disfrutar del espectáculo aunque no garantice la calidad del mismo. Asimismo el periodismo, fundamentalmente los medios gráficos tendrán mayor motivación para realizar la cobertura porque obtendrán mejores imágenes para brindar a su público consumidor.

Pero podríamos decir que no alcanza con buen piso e iluminación y esto se entendió muy bien en Minas, donde la creatividad y el aporte económico privado ofrecen otros atractivos para que el público acompañe las presentaciones de la selección local.

Fuegos artificiales, demostraciones de paracaidismo, sorteos, son algunos de los ingredientes que llevan un promedio de 4000 personas y conforman un espectáculo colorido, variado y digno de ser apreciado.

La generación del entorno, los vendedores, las banderas, el ambiente de bullicioso y respetuoso aliento de los parciales que viven una verdadera fiesta en las cálidas noches serranas hacen un espectáculo diferente en el que el fútbol es el centro pero no el único atractivo para la familia minuana.

Son ejemplos a imitar, que no por escasos deben ser olvidados.

Todo es parte de la puesta en escena del espectáculo que se pretende vender y su responsabilidad recae en sus organizadores que cada día más deben agudizar su creatividad y procurar los recursos necesarios para lograr un producto final con un valor agregado que impresione y atraiga público.

Seguramente las intendencias tienen demasiados aspectos para atender con sus presupuestos, pero muchas veces éstos se asignan en función de intereses que no apuntan a la comunidad que los nutre.

El fútbol en nuestro país conforma nuestra idiosincrasia, es parte de nuestra cultura y los complejos deportivos requieren de un mantenimiento mínimo que si se realiza de manera regular no demanda costos excesivos, pero acondicionar un estadio cada diez o veinte años puede exigir enormes inversiones.

La dirigencia del fútbol local por su parte tendrá que aportar ideas y procurar fondos privados que, junto al apoyo municipal, permitan lograr escenarios y espectáculos rentables y atractivos.

Nuestra gente es inteligente, no la subestimemos, seguro sabrá responder como lo está haciendo la población de Minas y como lo hace cualquier sociedad cuando se le ofrece un buen producto.


 
   
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